Poder al Máximo: De La Cámpora al PJ bonaerense
Algunos lo ven como candidato presidencial en 2023, e imaginan la presidencia del Partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires como una buena plataforma desde donde construir su imagen.
Cuando el 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner asumió como Presidente de la Nación Argentina, muy pocos imaginaban que se estaba inaugurando un ciclo que protagonizaría la vida política del país durante las siguientes décadas.
El primer indicio se dio a mediados de 2005, cuando el santacruceño rompió con Eduardo Duhalde -su promotor- a raíz del armado de las listas para las elecciones legislativas que debían realizarse en octubre de ese año.
Luego, hacia finales de 2006, organizó el armado de La Cámpora. Y en 2007 ungió a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, como candidata a la Presidencia.
La jugada era clara: en vez de ir por la reelección, Néstor apostaba a alternar con su señora cada cuatro años y, paralelamente, ir construyendo una base de militantes jóvenes que pudieran dar continuidad al proyecto político en el futuro.
Al calor de esa juventud que venía de asambleas barriales pos 2001, organizaciones populares y agrupaciones como H.I.J.O.S., su primogénito, Máximo Kirchner, comenzó a foguearse políticamente.
El lanzamiento de La Cámpora fue el 14 de septiembre de 2010 en el Luna Park, en un acto al que Néstor Kirchner asistió, apenas tres días después de haber sido intervenido por una afección cardíaca.
El prematuro fallecimiento del entonces expresidente -el 27 de octubre de 2010- frustró los planes del primer objetivo de la jugada diseñada previamente (CFK debió ir por la reelección en 2011), pero no del segundo.
Durante sus primeros años de existencia, La Cámpora se dedicó a hacer un silencioso trabajo territorial y a ponerle el cuerpo a cada una de las causas planteadas por el kirchnerismo (La 125, el matrimonio igualitario, el 7D, las estatizaciones de Aerolíneas Argentinas e YPF, la repatriación de la Fragata Libertad, etc.), mientras iba ocupando cargos en sectores estratégicos del gobierno. Cristina, al igual que su marido, desconfiaba de las viejas estructuras del peronismo y prefirió apoyarse en esos jóvenes.
Tanto Máximo como La Cámpora fueron demonizados por muchos periodistas de medios de comunicación masivos. A la agrupación la culpaban de todos los males que acontecían en el país, y al hijo del matrimonio presidencial lo señalaban y lo parodiaban de manera despectiva.
Sin responder a sus detractores, sin salir a aclarar las acusaciones, sin dar notas periodísticas, moviéndose siempre por fuera del establishment mediático -a lo Patricio Rey y sus Redonditoas de Ricota, la banda favorita de Máximo-, y sin prisa, pero sin pausa, La Cámpora siguió construyendo lo que en unos años sería la agrupación política más importante de la Argentina desde el regreso de la democracia.
La primera vez que a Máximo se le conoció la voz en público fue el 13 de septiembre de 2014, durante un multitudinario acto realizado en el estadio de Argentinos Juniors que él mismo se encargó de cerrar.
Allí, ante 40 mil militantes, el hijo de la presidenta pronunció un encendido discurso en el que dejó varias frases que exponían las intenciones que el espacio político tenía a largo plazo.
El arribo de Mauricio Macri a la Casa Rosada en diciembre de 2015 coincidió con el de Máximo al Congreso como diputado nacional por Santa Cruz, cargo en el que resultó reelecto en 2019, aunque esta vez por la provincia de Buenos Aires.
Como presidente del interbloque del Frente de Todos, presentó junto a Carlos Heller uno de los proyectos más importantes que se trataron en el recinto durante 2020: el Aporte Extraordinario a las Grandes Fortunas. También, su rol fue fundamental en la aprobación de la nueva ley de movilidad jubilatoria y el aborto legal.
Fuera del Parlamento, Máximo se dedicó a tejer alianzas con los intendentes, a afianzar su relación con otros referentes de su espacio, como Sergio Massa, a negociar con opositores y a consolidar su poder con el avance de La Cámpora en diferentes reparticiones del Estado.
Algunos lo ven como candidato presidencial en 2023, e imaginan la presidencia del PJ bonaerense como una buena plataforma desde donde construir su imagen. La idea fue impulsada inicialmente por Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora, y contó nada menos que con el apoyo de Alberto Fernández.
"Máximo es un hombre preparado, un gran dirigente, con capacidad de diálogo. Tiene todas las virtudes para ocupar un cargo de esa naturaleza", dijo el Presidente.
La propuesta de Insaurralde es resistida por algunos barones del conurbano, como Fernando Gray (Esteban Echeverría), Gustavo Menéndez (Merlo) y Juan Zabaleta (Hurlingham), quienes miran al hijo de Cristina con desconfianza y temor. ¿Se animarán a hacerle frente?